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El coronavirus podría mutar en pacientes tratados con plasma convaleciente

Un equipo de investigadores advirtió que del coronavirus podrían surgir mutaciones similares a las de la variante B1.1.7 de Reino Unido.

QPJ Internacionales

Un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, ha advertido que podrían surgir mutaciones del coronavirus similares a las de la variante B1.1.7, en casos de infección crónica, en los que el tratamiento durante un periodo prolongado puede ofrecer al virus múltiples oportunidades de evolucionar.

A su vez, estos investigadores informan de la mutación del SARS-CoV-2 en el caso de un paciente inmunodeprimido tratado con plasma de convalecencia. En concreto, observaron la aparición de una mutación clave que también se observó en la nueva variante que llevó a Reino Unido a tener que volver a ser confinado de forma estricta, aunque no hay indicios de que la variante se originara en este paciente.

Utilizando una versión sintética de la proteína de la espiga del virus creada en el laboratorio, el equipo demostró que los cambios específicos en su código genético (la mutación observada en la variante B1.1.7) hacían que el virus fuera dos veces más infeccioso en las células que la cepa más común

El SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19, es un betacoronavirus. Su ARN (su código genético) está compuesto por una serie de nucleótidos (estructuras químicas representadas por las letras A, C, G y U). A medida que el virus se replica, este código puede transcribirse erróneamente, dando lugar a errores, conocidos como mutaciones. Los coronavirus tienen una tasa de mutación relativamente modesta, de unas 23 sustituciones de nucleótidos al año.

Son especialmente preocupantes las mutaciones que pueden cambiar la estructura de la proteína de la espiga, que se encuentra en la superficie del virus y le da su característica forma de corona.

El virus utiliza esta proteína para adherirse al receptor ACE2 de la superficie de las células del huésped, lo que le permite entrar en las células donde secuestra su maquinaria para permitirle replicarse y propagarse por todo el cuerpo. La mayoría de las vacunas actuales que se utilizan o se están probando se dirigen a la proteína de la espiga y existe la preocupación de que las mutaciones puedan afectar a la eficacia de estas vacunas.

Hasta el momento no se había detectado en ningún individuo. Sin embargo, investigadores de Cambridge documentan la aparición de dichas mutaciones en un paciente con COVID-19, se trataba de un hombre de unos 70 años al que se le había diagnosticado previamente un linfoma marginal de células B y que había recibido recientemente quimioterapia, lo que significaba que su sistema inmunitario estaba gravemente comprometido.


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