Las dos muertes que golpean al fútbol argentino en el año del mundial
Mucho dolor y angustia a menos de 100 días de la Copa del Mundo. "Ambos se fueron en la misma semana".
La semana en la que el fútbol argentino empieza a palpitar un nuevo Mundial quedó atravesada por dos pérdidas que golpean en lo más profundo de su historia y de su identidad. En apenas cuatro días murieron Marcelo Araujo y Ernesto Cherquis Bialo, dos nombres que, desde lugares distintos, construyeron la forma en que generaciones enteras vivieron y entendieron el deporte más popular del país.
El primero en partir fue Araujo, el lunes 16 de marzo, a los 78 años. Su voz marcó una era: fue el relator emblema de Fútbol de Primera y revolucionó la narración televisiva con un estilo visceral, cercano al hincha, cargado de emoción y frases que quedaron en la memoria colectiva. Su salud se había deteriorado en los últimos años, tras complicaciones derivadas de una neumonía y secuelas posteriores a la pandemia, que lo llevaron incluso a atravesar internaciones prolongadas.
Con Araujo se fue algo más que un relator: se apagó una manera de contar el fútbol. Fue la voz de goles históricos de la Selección Argentina -desde Caniggia a Brasil en 1990 hasta Maradona en 1994- y también de derrotas que dolieron, como el 0-5 ante Colombia. Supo construir, junto a Enrique Macaya Márquez, una de las duplas más icónicas del periodismo deportivo, en una época donde el domingo tenía una liturgia: partido, televisión y relato inolvidable.
Cuatro días después, este viernes 20 de marzo, la noticia volvió a sacudir al ambiente: murió Cherquis Bialo a los 85 años, tras una larga lucha contra la leucemia. Si Araujo fue la emoción en vivo, Cherquis fue la pluma reflexiva, el pensamiento detrás del deporte. Desde El Gráfico, donde llegó a ser director, construyó una mirada que entendía al periodismo como un puente entre el espectáculo y la profundidad, entre los héroes y las contradicciones del deporte.
Amante del boxeo, del fútbol y del tango, Cherquis narró con palabras lo que otros gritaban con la voz. Fue testigo privilegiado de epopeyas como las de Monzón y Bonavena, y también un hombre clave en la trastienda del fútbol argentino, con paso por la AFA y cercanía a los grandes protagonistas de distintas épocas. Su legado no está en un audio viral ni en un gol relatado, sino en una forma de pensar el deporte.
Así, en la misma semana, el fútbol argentino perdió dos pilares complementarios: la voz que emocionaba y la pluma que interpretaba. En tiempos donde el Mundial vuelve a encender la pasión, sus ausencias resignifican el presente: el fútbol seguirá, pero ya no sonará ni se leerá igual sin Araujo y Cherquis. Dos maneras de contar una misma historia que ahora pasan definitivamente a la memoria.


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