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Fito Páez estrenó "Shine", su nuevo disco con el que dice renacer

El ícono del rock del país estuvo al borde de la muerte, rodó por las escaleras, se fracturó, estuvo medicado y tras esa situación, vuelve a brillar.

QPJ Zapping

Fito Páez lanza ‘Shine': la osadía de publicar un álbum con canciones nuevas. Dedicado íntegramente a su novia, la actriz Sofía Gala Castiglione, inspirado en John Lennon y con un homenaje a Pablo Milanés, así es el álbum estreno del cantante rosarino.

Fito Páez estrenó "Shine", su nuevo disco con el que dice renacer

 

En su nuevo disco de estudio, el rosarino propone "sacar a estos fachos a patadas", rinde homenaje a Los Beatles y graba el primer reggae de su carrera

"Hablame". Eso es lo primero que escuchamos de la boca de Fito Páez en Shine, su flamante álbum. Antes, un bellísimo paisaje instrumental de piano solo. "Hablame" dice Fito, porque recibió un mensaje de Sofía Gala, a quien le dedicó el disco, que decía justamente eso "Hablame". Un mensaje minimalista, imperativo, abierto y, por lo visto, estimulante. Antes, la calma, en forma de melodía y con un clima definitivamente cinematográfico.

"Hablame" se llama el primer track del disco, en ese formato que volverá luego como interludio. Y, luego, un arrebato rockero: "Girl T. Rex" es uno de esos personajes clásicos de Fito, un retrato de pulso literario, polaroids de locura ordinaria y guiños a la cultura rock. pero sobresalen, en ese track, los arreglos de vientos (firmados por el propio Fito junto al bajista Diego Olivero, coproductor del disco y el argentino -radicado en Los Ángeles- Ruy Folguera), funkeros y potentes, a cargo de una tríada de sesionistas norteamericanos: Wayne Bergeron (trompeta), Dan Higgins (saxo) y Steve Holtman (trombón).

"Shine", el tema que le da nombre al disco, empieza con una frase que es signo de los tiempos y que se resignifica después de los comentados incidentes del concierto del miércoles 20 en el Movistar Arena: "Todo el mundo, salgan a la calle, desconéctense del feed". Y luego, una frase que no deja lugar a ambigüedades: "Hay que correr a estos fachos a patadas; si no, nadie podrá ser feliz". Como teaser del álbum, el corto Todos los Fitos, dirigido por José Fogwill, muestra al Fito actual hablando con los Fitos del pasado (uno de Del 63, otro de Circo Beat, otro de 2014). El Fito que escribió estas líneas es el mismo que se permite hablar del fracaso de las revoluciones de la izquierda y es también ese otro que a los 21 años le decía a Gloria Guerrero, en la revista Humor: "¡Soy de izquierda pero vivo en un departamento de tres ambientes, con heladera!". Más allá de esa frase, que se lleva todo el brillo de la canción, "Shine" condensa el ADN de Fito: con una mirada crítica a estos tiempos, la nostalgia de épocas más divertidas ("era todos contra todos, en las camas, en las plazas, revolcándose en cada jardín") y un guiño al "Cambalache" del inmortal Enrique Santos Discépolo.

Shine incluye el que acaso sea el primer abordaje de Fito al reggae como género puro (había coqueteado en la intro de "La ciudad de los pibes sin calma", de 1988). Pero así, playero, relajado y optimista, suena "Nuestro templo", con un guiño al marinero bengalí que es, claro, un guiño a Miguel Abuelo.

Y si hablamos de clásicos, "Prueba de amor" traslada la trágica historia de amor que William Shakespeare ambientó en Verona, en la Edad Media, hasta nuestro días en la ciudad de Rosario. Es una tragedia en clave futbolera en la que Montescos y Capuletos son leprosos y canallas.

En "Río Místico" (¿Un guiño al film de Clint Eastwood de 2003?) es una canción de redención, con potencia blusera y aires de gospel en los coros.

Otro interludio de piano ("Hablame 2") le da paso al Lado B del disco: "Las fuerzas armadas del amor" es un rock uptempo, autorreferencial y reflexivo, que es también la celebración de un sobreviviente ("tuve suerte, amor, en no terminar en un fucking cementerio"), que tiene todos los números para sumarse a los clásicos de Páez.
"Planeta azul" es una de esas baladas sostenida en los teclados, y una melodía profundamente lírica. "La esquina del sol" tiene una impronta beatle, un ejercicio de evocación que funciona como un homenaje a la banda madre de todas las bandas y también a uno de los boliches emblemáticos del circuito under de Buenos Aires en los 80.

Y en "El honor de los lobos" aparece una veta dramática: "en el amor me disolveré, resucitaré", canta Páez, sobre unos coros que van in crescendo. Para el final, "Universo" funciona como homenaje a Pablo Milanés, el músico cubano con el que Fito mantuvo una relación entrañable. Un canto divino, de complejidad armónica, una bendición sagrada, con otro guiño beatle ("Across the universe", canta Fito), acompañando el viaje de ese polvo de estrellas que está distribuido en millones de corazones que laten al ritmo de uno de los pilares de la trova cubana. Y, que concluye con un guiño a una de sus canciones más célebres: "Yolanda".
El final es donde partió: "Hablame" dice Fito, otra vez, al final de otra inspirada melodía de piano que es poesía pura.

Fuente: Rolling Stone.

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