SE FUE UN GRANDE

Del pogo más grande del mundo a homenajes extremos: la pasión por el Indio que marcó generaciones

La muerte de Carlos "El Indio" Solari a los 77 años no solo deja un vacío enorme en el rock nacional. También revive la historia de una de las hinchadas más fieles, multitudinarias y apasionadas que tuvo un artista en la Argentina.

La noticia de la muerte de Carlos "El Indio" Solari golpeó de lleno a millones de argentinos. Pero más allá de la desaparición física de uno de los músicos más influyentes de la historia del país, su partida vuelve a poner el foco sobre un fenómeno social y cultural que trascendió generaciones: la devoción de los ricoteros.

Pocos artistas lograron construir una relación tan intensa con su público. Desde los años de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota hasta sus presentaciones como solista junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, el Indio generó una mística única que convirtió cada recital en una verdadera peregrinación.

No eran simples conciertos. Para miles de seguidores eran "misas". Personas viajaban cientos de kilómetros, dormían en estaciones de servicio, plazas o campings improvisados y recorrían el país para estar presentes en cada presentación.

La postal más emblemática fue el llamado "pogo más grande del mundo", una imagen que recorrió el planeta y que mostró a decenas de miles de personas saltando al mismo tiempo mientras sonaba "Ji Ji Ji". Una escena que terminó de consolidar al Indio como mucho más que un músico: un símbolo cultural argentino.

El tatuaje más extremo

La pasión ricotera llegó a niveles impensados a lo largo de los años. Uno de los casos más llamativos fue el de un fanático que decidió tatuarse el rostro completo del Indio Solari en toda la parte superior de la cabeza.

@c5n Un insólito tattoo: se hizo al Indio Solari en la nuca. | #C5N #viraltiktok %u266C sonido original - c5n

La imagen se volvió viral en redes sociales y sorprendió incluso a seguidores históricos del músico. El hombre, completamente pelado, eligió llevar para siempre el rostro del cantante con sus clásicos lentes oscuros ocupando gran parte de su cuero cabelludo.

Según contó en distintas publicaciones, se trató de un homenaje permanente al artista que marcó su vida.

Por eso, con la noticia de la muerte del Indio, no solo se despide un artista. También se reaviva el recuerdo de una época en la que miles de argentinos encontraron en sus canciones una forma de expresarse, de reunirse y de sentirse parte de algo mucho más grande.

Porque si hubo un músico capaz de generar una devoción comparable a la de una hinchada de fútbol, ese fue Carlos Solari. Y para millones de ricoteros, la leyenda seguirá sonando mucho después del último acorde.

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