Giro total

Consumo de sustancias: la confesión y el giro de algunos artistas argentinos

A corazón abierto, varios de los músicos causaron conmoción con sus dichos.

Natalia Peralba

En los últimos meses, varios artistas del ámbito urbano argentino han evidenciado cambios significativos en su relación con el consumo de drogas y en la forma en que abordan este tema tanto en sus vidas personales como en su obra. Lo que durante años formó parte de la estética y narrativa de sus letras, con referencias a "enrolar", fumar marihuana o naturalizar el consumo como parte del ritual creativo y festivo, comienza a dar paso a mensajes que priorizan el bienestar físico, la salud mental y la revisión de hábitos que, según reconocen, dejaron de aportarles algo positivo.

Foto: La Capital.

Uno de los casos más resonantes es el de J Rei, quien recientemente contó que lleva un año sin consumir marihuana. El artista, pareja de María Becerra, explicó que tomó la decisión cuando entendió que ese hábito "ya no le sumaba" a su vida ni a su carrera. Según relató, intentó dejarlo, lo logró y sostuvo la determinación durante doce meses, con la intención de continuar por ese camino. La confesión no pasó inadvertida dentro de la escena: Duki reaccionó públicamente en redes sociales pidiéndole "que pase la receta", dejando entrever su interés por seguir una transformación similar.

Imagen: FM Vida

Este tipo de replanteo también aparece en otras figuras del movimiento urbano. La Joaqui confesó recientemente que decidió alejarse de ciertos entornos y vínculos que, según sus propias palabras, no contribuían a una mejor calidad de vida. En ese contexto se enmarca el distanciamiento con L-Gante, una relación artística y personal que había sido ampliamente expuesta. La artista recomendó públicamente priorizar una vida más ordenada y saludable, lo que derivó en tensiones y en un enfriamiento del vínculo.

El fenómeno no implica necesariamente una condena al consumo recreativo en términos generales, pero sí marca un cambio discursivo en artistas que supieron convertir esas referencias en parte de su identidad estética. Durante años, la escena urbana construyó un imaginario donde la fiesta, el descontrol y el consumo eran símbolos de pertenencia y rebeldía. Hoy, varios de sus protagonistas parecen atravesar una etapa distinta, atravesada por la madurez, la responsabilidad y la necesidad de sostener carreras cada vez más exigentes.

Este giro también dialoga con un contexto social en el que la salud mental y el consumo problemático ocupan un lugar central en la conversación pública. Con audiencias mayoritariamente jóvenes, los referentes urbanos son conscientes del impacto que pueden generar sus mensajes. La decisión de contar en primera persona procesos de cambio, recaídas o intentos de mejora abre un debate sobre el rol que cumplen como modelos culturales y sobre la evolución natural de artistas que, con el paso del tiempo, reescriben no solo sus letras, sino también sus prioridades.

Más allá de las posturas individuales, el movimiento evidencia que la escena urbana argentina no es estática. Así como en sus inicios rompió moldes con un lenguaje crudo y provocador, hoy parece atravesar una etapa de introspección. La transformación de figuras como J Rei, el intercambio público con Duki o las declaraciones de La Joaqui muestran que, incluso en un género asociado históricamente al exceso, también hay espacio para el replanteo, la autocrítica y la búsqueda de una vida más saludable.

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