Emocionante

Tiene 52 años, es curandera y cumplió su sueño de casarse: "Estaba tomadito"

Con un vestido sencillo, zapatos prestados y la ayuda de vecinos, logró celebrar su boda con José Luis y emocionó a todos.

Natalia Peralba

Las historias que más llegan no siempre tienen lujos. A veces alcanzan la verdad, el amor y la gente que acompaña. Así fue la boda de Natacha Mailen Gómez, una mujer de 52 años, curandera, que finalmente pudo cumplir el sueño que guardó toda su vida: casarse.

"Tengo 52 años. Mi nombre es Natasha Mailen Gómez. El viernes nos casamos por el civil y el sábado fue la fiesta acá en mi domicilio", contó en una entrevista. La celebración fue sencilla, pero superó todas las expectativas. "No esperábamos un mundo de gente, pero vino mucha. Eso demuestra que somos muy queridos y respetados acá en el Valle", dijo emocionada.

La historia de amor con José Luis viene de años atrás. "Yo a él lo conocí por mi hermano, el famoso Chuchín. Él me lo presentó, pero después por circunstancias de la vida nos perdimos", recordó. El reencuentro llegó de la forma más inesperada: "Un día una amiga me dice ‘mañana voy a ir con alguien que te quiere ver' y me lo trajo a él".

Sin vueltas y fiel a su forma de ser, Natacha fue directa desde el inicio. "Yo no tengo pelos en la lengua. Le dije: ‘¿Te querés venir a vivir conmigo?' Así, cortito. Ya no somos pendejos, ya estamos grandes", relató entre risas.

La propuesta de casamiento llegó en una charla informal. "Me dijo que nos íbamos a casar para enero, para mi cumpleaños. Pero como estaba un poquito tomadito pensé que al otro día se iba a olvidar", contó. Sin embargo, no fue así. "Al otro día le volví a preguntar y seguimos adelante. Empezamos a hacer las tandas y a organizar todo".

José Luis también habló del vínculo y de la decisión de acompañarse. "Yo ya tengo 65 años. No soy un pibe. A esta edad lo que uno busca es estar juntos, acompañarse", expresó.

El vestido de Natacha costó 20 mil pesos, los zapatos fueron prestados y la fiesta se armó con ayuda de familiares y amigos. Nada fue ostentoso, pero todo fue sentido. "Yo siempre soñé con casarme. Siempre dije: algún día Dios me va a dar la oportunidad", cerró.

Hoy, además de disfrutar esta nueva etapa, Natacha tiene un pedido simple pero importante: un lavarropas, ya que lavar a mano se le hace cada vez más difícil. 

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