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Mejor que la rellena: la nueva tortilla que se vende en las calles

Un joven revolucionó la tortilla que todos acompañamos con el mate. ¿Vos la comprarías? 

QPJ SOCIEDAD

Gonzalo "Bebu" Céspedes tiene 22 años y ha transformado una idea espontánea en un fenómeno gastronómico que moviliza a todo el barrio. Su creación, que fusiona la clásica tortilla a la parrilla con una hamburguesa, es el motor de una rutina de 12 horas diarias de trabajo con la que busca cambiar el destino de su familia y amigos.

La esquina de Avenida Castañares y Basualdo, en el barrio porteño de Villa Lugano, se ha convertido en un punto de peregrinación para los amantes de la comida callejera. Allí, Gonzalo Céspedes amasa diariamente 50 kilos de harina para dar vida a la hamburtilla, un invento que nació de la improvisación entre amigos y que hoy vende por centenas. 

El joven emprendedor no solo ofrece un producto original, sino que representa la cultura del esfuerzo: su jornada comienza a las 05:30 de la mañana y se extiende hasta altas horas de la noche, repartiendo su tiempo entre las brasas, el servicio al cliente y el amasado manual.

El apoyo familiar es la columna vertebral de este proyecto. Su padre, Carlos, es quien lo acompaña cada día frente al fuego, mientras que su madre, su primo y su sobrino también colaboran en las diferentes etapas de la producción. A pesar del rigor del clima y el cansancio acumulado, Gonzalo asegura que no ha faltado ni un solo día desde que comenzó hace un mes y medio, impulsado por la convicción de que este es el primer paso hacia una vida mejor. 

Un futuro de expansión y compromiso social

Los sueños de "Bebu" son ambiciosos y están cargados de un fuerte sentido de comunidad. Su meta inmediata es abandonar el puesto callejero para alquilar un local donde pueda trabajar con mayor comodidad y agregar ingredientes como cheddar, lechuga y tomate a su receta original. Sin embargo, su visión va más allá de lo comercial; Gonzalo manifiesta diariamente su deseo de alcanzar el éxito económico -simbolizado en un departamento en Puerto Madero y un auto de alta gama- principalmente para poder dar empleo a sus amigos y familiares que hoy se encuentran desocupados.

Con planes de llevar su puesto a Mar del Plata en el verano y expandirse a diferentes provincias, el joven de 22 años confía plenamente en la manifestación de sus objetivos. Su historia es un recordatorio de cómo la innovación, incluso cuando surge de una necesidad básica como el hambre, puede abrir puertas inesperadas si se acompaña con disciplina y una red de contención familiar sólida./ Fuente: Mauricio Luna para TN 

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