¿Máximo Thomsen sí, pero Nahir Galarza, no? Firme debate periodístico
Casualmente en el Día del periodista, se dieron espacios para discusiones sobre qué está bien o qué está mal y a quiénes es importante escuchar.
¿El problema es entrevistar a una persona condenada o quién la entrevista? ¿Una mujer condenada a perpetua es menos aceptable por la sociedad que un hombre condenado a perpetua en Argentina? ¿Cuál es el punto?
Desde el canal de streaming OLGA anunciaron una entrevista que ya fue grabada con Nahir Galarza y cuyos entrevistadores son Nati Jota y Paulo Kablan, sin embargo la emisión de la misma fue suspendida. Aunque el motivo de la suspensión fue por el caso de femicidio de Agostina Vega, en las redes sociales se generó un debate con críticas por varios frentes, "cómo van a entrevistar a una asesina, mejor denle voz a la familia de su víctima", "Nati Jota periodista? Recién me entero", "me parece repudiable, los dejo de seguir", fueron algunos de los mensajes más resonantes en torno al caso.
Cuando el debate se fue por el lado de que no sería "la entrevistada ideal", se recordó que el periodista Rolando Barbano entrevistó al asesino Máximo Thomsen, también condenado a perpetua por el crimen de Fernando Báez Sosa, ¿en ese caso la entrevista estuvo bien?
La polémica por la entrevista que Nati Jota realizó a Nahir Galarza volvió a instalar un debate incómodo: ¿los medios deben dar espacio a personas condenadas por crímenes graves? Las críticas fueron inmediatas y masivas. Muchos usuarios cuestionaron que una mujer condenada por homicidio tenga un espacio en un canal de streaming para contar su versión de los hechos o simplemente hablar de su presente. Sin embargo, el rechazo generalizado también dejó al descubierto una pregunta que pocos parecen hacerse: ¿la vara es la misma para todos?
No hace tanto tiempo, el periodista Rolando Barbano entrevistó a Máximo Thomsen, uno de los condenados a prisión perpetua por el asesinato de Fernando Báez Sosa. Aquella nota tuvo repercusión, generó debates y opiniones encontradas, pero difícilmente alcanzó el nivel de indignación que hoy despierta la entrevista a Nahir Galarza. En ambos casos se trata de personas condenadas por delitos gravísimos, con sentencias firmes y causas que marcaron a la sociedad argentina. Sin embargo, la reacción pública parece haber sido muy diferente.
Esto no implica minimizar ninguno de los crímenes ni desconocer el dolor de las familias de las víctimas. La discusión pasa por otro lado: si se considera legítimo entrevistar a un condenado para comprender su historia, su pensamiento o el impacto social de un caso, ese criterio debería aplicarse de manera uniforme. De lo contrario, surge inevitablemente la sospecha de que existe un doble estándar según el género de quien ocupa el centro de la escena. Un hombre condenado por homicidio puede hablar en televisión sin generar un escándalo nacional; una mujer condenada por un crimen recibe cuestionamientos mucho más intensos por el simple hecho de ser entrevistada.
Quizás el verdadero debate no sea Nahir Galarza ni Máximo Thomsen. La pregunta de fondo es si los medios tienen derecho a entrevistar a personas condenadas y bajo qué criterios hacerlo. Si la respuesta es sí, entonces debería valer para todos. Si la respuesta es no, también. Lo que resulta difícil de sostener es que la indignación aparezca o desaparezca según quién sea el entrevistado. Porque entonces la discusión deja de ser periodística y pasa a revelar los prejuicios y contradicciones de una sociedad que todavía parece juzgar de manera distinta a hombres y mujeres frente a situaciones similares.


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