Llega el segundo semestre y muchos le piden aprobar: así está el santuario de Pedrito Sangüeso
Le dejan guardapolvos y rosarios al norteñito que fue brutalmente asesinado.
Cada año, cientos de estudiantes y familias llegan hasta el Cementerio de la Santa Cruz (Salta) para dejar guardapolvos, rosarios, cartas y estampitas en la tumba de Pedrito Sangüeso, conocido popularmente como "Sangüesito", el niño salteño que se convirtió en una de las devociones populares más fuertes del norte argentino. A más de seis décadas de su muerte, la historia sigue conmoviendo y despertando escalofríos entre quienes conocen el brutal crimen que terminó con su vida cuando tenía apenas seis años.
Foto Que Pasa Salta.
Pedrito Sangüeso nació el 26 de junio de 1956 en la zona puneña cercana a Santa Rosa de Tastil. Provenía de una familia humilde y, siendo muy pequeño, fue entregado para su crianza a familiares en la ciudad de Salta debido a las dificultades económicas de su madre. Su vida terminó trágicamente el 19 de mayo de 1963, en un crimen que conmocionó a toda la provincia. Según las investigaciones de la época, el niño fue golpeado y asesinado por un familiar, un caso que quedó grabado en la memoria colectiva salteña por la violencia y crueldad del hecho.
Con el paso de los años, la figura de "Sangüesito" trascendió el caso policial y se transformó en una devoción popular. Muchos lo consideran protector de los estudiantes y aseguran que "cumple" pedidos relacionados con los estudios, especialmente en épocas de exámenes. En su tumba suelen aparecer útiles escolares, guardapolvos blancos, rosarios, juguetes y mensajes de agradecimiento de chicos que aseguran haber recibido ayuda tras encomendarse a él. Aunque la Iglesia Católica nunca lo reconoció oficialmente como santo, su santuario es uno de los más visitados del cementerio salteño.
La historia de Pedrito fue reconstruida en distintas investigaciones periodísticas y todavía hoy continúa generando impacto por el contraste entre la inocencia del niño y el horror de su asesinato. En cada aniversario de su muerte, fieles y curiosos vuelven a acercarse a su tumba para encender velas y renovar promesas. Allí, entre flores, peluches y cuadernos escolares, la memoria de Sangüesito sigue viva como símbolo de dolor, fe popular y esperanza para muchos jóvenes del norte argentino.


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