Insólito

La insólita ley "anti hombre lobo" que rige en Argentina desde hace medio siglo

Aunque suene a leyenda urbana, en Argentina existe desde hace más de 50 años esta ley. La tradición nació a comienzos del siglo XX, tiene raíces en Rusia y en mitos guaraníes, y sigue vigente hasta la actualidad.

Natalia Peralba

Aunque parezca difícil de creer, la Argentina es el único país del mundo que cuenta con una ley vigente destinada a neutralizar una antigua superstición: la creencia de que el séptimo hijo varón puede convertirse en un "hombre lobo" o lobizón. Lejos de tratarse solo de folklore, esta tradición se transformó en política de Estado y llegó a involucrar directamente al presidente de la Nación.

La normativa reconoce el derecho de todo séptimo hijo varón -y también de la séptima hija mujer- a solicitar el padrinazgo presidencial, lo que implica no solo un acto simbólico, sino también beneficios concretos, como becas educativas y respaldo institucional.

El origen de la creencia

La tradición combina dos vertientes culturales. Por un lado, la influencia europea, especialmente del Imperio ruso, donde era habitual que el zar actuara como padrino del séptimo hijo varón. Esta costumbre llegó al país con la inmigración a fines del siglo XIX y principios del XX.

Por otro lado, en el norte argentino y el Litoral se difundió la figura del lobizón o Luisón, un mito de origen guaraní que asociaba al séptimo hijo con una maldición sobrenatural. La fusión de estas creencias otorgó legitimidad social a una práctica que con el tiempo fue adoptada por el Estado argentino.

De la tradición a la ley

El antecedente más antiguo se remonta a 1907, cuando Enrique Brost y Apolonia Holmann, un matrimonio ruso radicado en Coronel Pringles (provincia de Buenos Aires), tuvieron a José Brost, su séptimo hijo varón. Siguiendo la costumbre de su país de origen, solicitaron que el entonces presidente José Figueroa Alcorta fuera el padrino del niño.

El mandatario aceptó, convirtiéndose en el primer presidente argentino en asumir ese rol. Sin embargo, recién durante los gobiernos de Juan Domingo Perón y luego de María Estela Martínez de Perón la práctica adquirió un marco legal formal.

En diciembre de 1973, un decreto del Poder Ejecutivo habilitó oficialmente a las familias con siete hijos del mismo sexo a solicitar el padrinazgo presidencial. La norma establecía requisitos específicos: todos los hijos debían ser del mismo matrimonio, del mismo sexo y los padres debían acreditar buena conducta y concepto moral.

Un año más tarde, durante el gobierno de Isabel Perón, el beneficio se amplió: el Estado nacional garantizó la realización gratuita de los estudios del ahijado o ahijada, desde el nivel primario hasta el universitario. Además, tras la ceremonia, el niño o niña recibía una medalla de oro que acreditaba su condición de ahijado presidencial.

Una ley única en el mundo

Desde hace más de 50 años, Argentina es el único país que mantiene este padrinazgo establecido por ley. Si bien otros líderes, como reyes o jefes de Estado, fueron padrinos de ciudadanos sin vínculo personal, en ningún otro lugar existe una normativa que lo promueva de manera sistemática.

Desde el regreso de la democracia, el presidente que más ahijados tuvo fue Carlos Menem, con un total de 1.116. Incluso en tiempos recientes, la tradición continúa: en septiembre de 2024, el actual presidente Javier Milei fue padrino de un nuevo ahijado, reafirmando la vigencia de una de las leyes más curiosas del país. 

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