El Pata y Cabra en el norte: la parte de la historia que casi nadie cuenta
Durante años fue sinónimo de miedo en barrios del norte argentino, pero detrás del mito hay una historia de abandono, exclusión y silencio.
En la provincia de Salta y en el norte del país, el nombre Pata y Cabra todavía provoca incomodidad y recuerdos difíciles. Para muchos fue una advertencia durante la infancia; para otros, una presencia real que recorría calles oscuras, descampados y barrios periféricos. Con el paso del tiempo, la historia empezó a resignificarse.
Vecinos de distintas zonas coinciden en que el Pata y Cabra no era una leyenda urbana, sino una persona de carne y hueso que vivía en condiciones precarias, con problemas de alcoholismo y sin ningún tipo de contención social.
Del miedo real al mito
Su forma particular de caminar, su aspecto deteriorado y sus reacciones impredecibles generaron temor en quienes se lo cruzaban. Hubo episodios de violencia, gritos y persecuciones que quedaron grabados en la memoria colectiva de varios barrios.
Con el correr de los años, esos relatos se amplificaron a través del boca en boca. La figura dejó de ser una persona para convertirse en un "cuco" barrial, alimentado por el miedo y la exageración.
El uso del miedo como herramienta
Durante mucho tiempo, padres y madres utilizaron su nombre para disciplinar a los chicos. El temor funcionó como una forma de control social, mientras la realidad que atravesaba esa persona quedaba completamente invisibilizada.
El relato se transmitió sin preguntas, sin contexto y sin reflexión sobre lo que realmente estaba ocurriendo.
La historia que casi nunca se cuenta
Lo que pocas veces se dice es que nadie se hizo cargo. No hubo asistencia, tratamiento ni políticas públicas claras para intervenir. El abandono se transformó en mito, y el mito en una historia repetida generación tras generación.
Hoy, revisitar esta historia permite correr el velo del miedo y poner el foco en una problemática más profunda: la exclusión social, la falta de acompañamiento y el silencio que, muchas veces, termina construyendo leyendas.


Comentarios