Milei apuntó contra los argentinos por la deuda y los números ahora lo contradicen
El Gobierno responsabilizó a los consumidores por el avance de la morosidad, pero las estadísticas muestran otra postal. Menos televisores, más hogares con dificultades y crédito utilizado para sostener gastos básicos.
El presidente Javier Milei responsabilizó a los argentinos que compraron televisores para mirar el Mundial por parte del aumento de la morosidad. Según su explicación, muchas personas se endeudaron para adquirir esos productos y después dejaron de pagar las cuotas.
Pero hay un problema con esa versión: los propios datos oficiales muestran que la venta de televisores cayó mientras el endeudamiento de los hogares se mantiene en niveles elevados.
La explicación del Gobierno pone el foco en una supuesta decisión de consumo. Las estadísticas, en cambio, muestran familias que recurren al crédito para atravesar un presupuesto cada vez más ajustado.
Y el contraste aparece en números concretos.
Durante el primer trimestre de 2026 se vendieron 292.350 televisores, TV LED, Smart TV y LCD, un 1,4% menos que en el mismo período de 2025, según la Encuesta de Comercio de Electrodomésticos y Artículos para el Hogar del INDEC.
Es decir: mientras crece la preocupación por las deudas, no hubo una explosión en la compra de televisores. Hubo menos unidades vendidas.
El dato no permite afirmar que nadie haya comprado un aparato en cuotas ni que ninguna de esas compras haya terminado en mora. Pero sí deja en evidencia que resulta insuficiente presentar una supuesta fiebre por los televisores como explicación del endeudamiento familiar.
El consumo de electrodomésticos quedó lejos de mostrar una explosión de compras durante los primeros meses del año.
Menos televisores y una economía doméstica cada vez más complicada
La fotografía del sector de electrodomésticos tampoco muestra una sociedad lanzada a consumir sin límite.
En el primer trimestre de 2026, los comercios del rubro registraron ventas totales por $1.171.238 millones a precios corrientes. Los productos de televisión, video y fotografía representaron el 14,6% de la facturación, con una variación nominal interanual del 7,8%.
Pero hay una diferencia fundamental: más pesos facturados no significa necesariamente más productos vendidos. La inflación modifica los valores nominales y puede hacer crecer una facturación incluso cuando la cantidad de unidades comercializadas cae. Por eso, el número que importa para contrastar el argumento presidencial es contundente: 292.350 televisores vendidos y una baja interanual del 1,4%.
No hay una estampida de compras que permita explicar por sí sola la situación financiera de los hogares. Hay, en cambio, una economía doméstica que muestra señales de tensión por varios frentes.
Casi la mitad tiene problemas para llegar a fin de mes
Mientras el debate público quedó concentrado en el televisor, un relevamiento de Brain Network realizado en junio de 2026 mostró una realidad bastante menos cómoda: El 47% de las personas de renta media consultadas aseguró tener dificultades para afrontar sus gastos mensuales.
La respuesta sobre las prioridades cuando el dinero no alcanza también resulta reveladora: El 48% señaló el alquiler como principal obligación. El 20% priorizó los servicios y el 11%, las compras cotidianas. La tarjeta de crédito quedó bastante más abajo: apenas el 7% la ubicó como prioridad de pago.
Las cuentas del hogar concentran buena parte de las decisiones financieras cuando el ingreso ya no alcanza.
La postal es difícil de encajar con la idea de que el problema central sean familias que se endeudaron alegremente para comprar bienes de consumo.
Cuando una persona tiene que decidir entre pagar el alquiler, mantener los servicios o comprar lo necesario para todos los días, el crédito puede convertirse en una herramienta para sostener el mes.
No hace falta un televisor nuevo para que una familia termine endeudada.
La tarjeta ya no es solamente para comprar cosas grandes
El propio comportamiento financiero de los hogares muestra cómo cambió el uso del crédito.
Lionel Holzman, CCO & Value Offer Head de Brain Network, explicó que la tarjeta puede terminar utilizándose para financiar consumos cotidianos, generando obligaciones que después resultan cada vez más difíciles de afrontar.
Otro dato del relevamiento profundiza esa situación: el 73% de las personas consultadas consideró atractivo poder atrasar un mes el pago de sus compromisos financieros.
La señal es clara. No se trata solamente de financiar una compra importante. Para una parte de los hogares, el crédito funciona como un puente entre un ingreso que no alcanza y una cuenta que vence. Ese puente puede servir durante un tiempo. El problema aparece cuando se acumulan las cuotas, los intereses y nuevas obligaciones.
La mora de las familias llegó al 12,8%
El Banco Central aporta otra pieza clave para entender el escenario.
Según su Informe sobre Bancos de junio de 2026, la mora de las financiaciones otorgadas a las familias se ubicó en 12,8%. El ratio de irregularidad del crédito al sector privado, en tanto, fue del 7,6%.
El dato merece una aclaración: el propio organismo señaló una mejora en algunos indicadores y una tendencia de reversión de la mora. Por lo tanto, no sería correcto presentar la situación como si todos los indicadores estuvieran empeorando sin pausa.
Pero tampoco alcanza con decir que el problema desapareció.
Una mora familiar del 12,8% sigue mostrando un nivel de dificultad considerable para quienes tienen compromisos financieros.
Y, sobre todo, no explica qué originó cada deuda. Ahí vuelve a aparecer el problema de reducir todo a una compra de electrodomésticos.
La deuda tampoco se termina en el banco
El endeudamiento de los hogares es mucho más amplio que los préstamos otorgados por bancos tradicionales.
El informe del BCRA sobre Proveedores No Financieros de Crédito registró alrededor de 12,1 millones de personas con financiamiento en febrero de 2026.
El acceso al financiamiento se diversificó y ya no depende exclusivamente de las entidades bancarias tradicionales.
En ese universo, la irregularidad alcanzó el 26,9%.
Los números se vuelven todavía más fuertes al observar algunos segmentos: la irregularidad llegó al 19,4% en tarjetas de crédito y al 34,1% en préstamos personales. El saldo de financiamiento de estos proveedores alcanzó los $13,9 billones.
La cantidad de personas financiadas, además, había crecido un 5% respecto de agosto de 2025. Fintech, tarjetas, préstamos personales y otros mecanismos de crédito forman parte del mapa.
Por eso, el endeudamiento de una familia no empieza ni termina en la caja de una casa de electrodomésticos.
Los jóvenes y los trabajadores precarios también aparecen en el problema
El Mapa de la Deuda elaborado por el Centro de Estudios de la Ciudad, con apoyo de la Fundación Friedrich Ebert, ubicó la tasa de mora de las personas físicas en 17,4% durante junio de 2026, según el relevamiento citado.
El informe también marcó mayores niveles de morosidad entre trabajadores jóvenes y personas con empleos precarios. Esto obliga a cambiar la pregunta.
No alcanza con preguntar qué compró alguien antes de dejar de pagar.
Hay que mirar cuánto gana, qué gastos enfrenta, qué estabilidad tiene su ingreso y cuánto dinero le queda después de cubrir las necesidades básicas.
Porque una persona puede endeudarse por un televisor, pero también puede hacerlo para pagar el alquiler, comprar comida, cubrir servicios, afrontar gastos escolares o llegar hasta el próximo sueldo. Meter todas esas situaciones dentro de la misma explicación es, como mínimo, una simplificación.
Una familia necesitó hasta casi $8 millones para ser considerada de clase media
Los datos del IDECBA permiten dimensionar la presión que existe sobre los ingresos, aunque corresponden específicamente a la Ciudad de Buenos Aires. En junio de 2026, una familia de cuatro integrantes propietaria de su vivienda necesitó entre $2.493.587,18 y $7.979.478,95 mensuales para ubicarse dentro del sector medio.
El denominado sector medio frágil quedó comprendido entre $1.994.869,74 y $2.493.587,17, mientras que por debajo de $1.577.313,83 ese mismo hogar ingresó en la línea de pobreza. Para no caer en la indigencia, en tanto, necesitó superar los $858.406,87 mensuales.
Aunque estas cifras corresponden a la realidad porteña y no pueden trasladarse directamente a Salta, sirven para dimensionar la magnitud de los ingresos que hoy se requieren para sostener determinados estándares de consumo y pertenecer estadísticamente a la clase media.
Y cuando el ingreso ya no alcanza para cubrir los gastos cotidianos, aparece una alternativa cada vez más utilizada: el crédito.
El comercio tampoco muestra una sociedad desbordada de consumo
La actividad comercial completa el cuadro.
Las ventas minoristas pyme registraron en julio una caída interanual del 3,8%, según los datos de CAME citados en el relevamiento.
Los comercios también sienten el impacto de un consumidor que mira cada vez más los precios antes de gastar.
La entidad contabilizó además 14 meses de caída dentro de los últimos 15 meses relevados.
Desde el sector comercial, Salvador Femenía explicó que muchas familias terminan recurriendo al endeudamiento para afrontar alimentos, indumentaria, útiles escolares, cuotas y otros gastos.
La lógica es bastante sencilla: Si los ingresos no alcanzan, se usa crédito. Si el crédito se acumula, aumentan las cuotas. Si las cuotas pesan demasiado sobre el ingreso, aparecen atrasos.
Y cuando el atraso se transforma en mora, el problema ya no es qué objeto compró una familia: es que su ingreso dejó de alcanzar para sostener todas sus obligaciones.
El Gobierno dice que la mora mejora, pero eso no borra el problema
La Casa Rosada también dio su propia interpretación de los datos. Después de una reunión de Gabinete, el Ejecutivo sostuvo que los indicadores no reflejaban una situación de crisis y aseguró que el incremento de la mora comenzaba a revertirse.
Ese dato forma parte de la discusión y no debe ser ignorado. El BCRA, efectivamente, informó que la irregularidad del crédito al sector privado se ubicó en 7,6% en junio, mientras que la mora de las financiaciones a familias alcanzó el 12,8%.
Pero una mejora respecto de meses anteriores no responde una cuestión central: ¿por qué tantos hogares necesitan recurrir al crédito para sostener sus gastos y cómo llegaron a acumular esas obligaciones?
Ahí es donde la explicación de los televisores vuelve a quedar corta.
Los números que dejan al relato contra las cuerdas
La discusión no pasa por negar que algunos argentinos hayan comprado televisores en cuotas. Seguramente ocurrió. La cuestión es otra: ¿puede esa compra explicar por sí sola el nivel de endeudamiento y morosidad que atraviesan los hogares?
Los datos disponibles apuntan en otra dirección. El INDEC registró 292.350 televisores vendidos durante el primer trimestre de 2026, un 1,4% menos que un año antes. Al mismo tiempo, Brain Network encontró que el 47% de las personas de renta media consultadas tiene dificultades para afrontar sus gastos mensuales.
Entre quienes deben priorizar pagos, el 48% eligió el alquiler, el 20% los servicios y el 11% las compras cotidianas. Solo el 7% señaló la tarjeta de crédito como una de sus principales prioridades.
A eso se suma el dato del BCRA: el 12,8% de las financiaciones a familias estaba en situación irregular durante junio. En los proveedores no financieros de crédito, la irregularidad llegó al 26,9%, mientras que en los préstamos personales alcanzó el 34,1%.
El consumo tampoco muestra una recuperación sólida. El comercio minorista pyme acumuló 14 meses de caída dentro de los últimos 15 relevados, una señal que vuelve a poner el foco sobre la pérdida de poder adquisitivo y las dificultades de los hogares para sostener sus gastos.
El panorama que aparece detrás de todos esos números es bastante distinto al de una sociedad que se endeudó masivamente para comprar televisores. Hay menos televisores vendidos, menos capacidad de consumo y más familias utilizando crédito para sostener obligaciones que no pueden postergar.
La motosierra puede buscar un culpable sencillo.
Los números, en cambio, cuentan una historia bastante más incómoda.


Comentarios