No hay consuelo

Dos hermanas norteñas fueron asesinadas por sus parejas: la familia pide Justicia

La tristeza impacta de lleno en el corazón de estos padres que no pueden comprender tanta brutalidad. Uno de los femicidas se refugió en una cueva.

Natalia Peralba

Dos hermanas asesinadas por sus parejas y un femicida escondido en una cueva: el caso que conmociona a Salta.

En 2017, la imagen de Natalia Cruz llorando por el crimen de su hermana recorrió los medios locales. Ahora, su pareja, Orlando Serapio, la estranguló a ella y estuvo prófugo 11 días. "Que duerma en las piedras", reclamó la madre de la víctima.

Después de 10 días, Orlando Serapio fue detenido por el femicidio de Natalia Cruz. 

En pantalón corto y chinelas. Así se escapó Orlando Serapio el martes 17 de febrero después de asesinar a Natalia Cruz, su exesposa y madre de sus hijos, en la localidad salteña de Campo Quijano. El femicida logró mantenerse prófugo durante 11 días hasta que, este fin de semana, por fin lo encontraron escondido en una cueva en la Quebrada del Toro, un lugar también conocido como la "Casa del Diablo".

Después de hacer equilibrio entre el dolor, el miedo y la impotencia, la familia de Natalia recibió la noticia de la detención de Serapio con un pedido contundente: prisión perpetua. "Que duerma en las piedras como un asesino", declaró la mamá de la víctima ante los medios locales.

"Nunca nos recompusimos", lamentó Azucena Colque, hermana de Natalia y Amira, en diálogo con TN, haciendo referencia a los dos crímenes que destrozaron a su familia. Irene Martínez, la mujer que perdió dos hijas en menos de nueve años por la violencia de género. 

Con la angustia a punto de quebrarle la voz, afirmó: "Desde que mataron a Amira nunca volvimos a ser los mismos. Éramos cinco hermanas y dos hermanos, todos criados juntos. Fue muy duro. Y volver a pasar por esto...".

Para entender el reclamo terminante pese a las lágrimas de Irene Martínez, la madre de Natalia, hay que volver hacia atrás en la historia nueve años, cuando se abrió la primera herida en su familia, que nunca cicatrizó.

Era el mes de diciembre de 2017, cuando su hija Amira, de apenas 17 años en ese momento, fue asesinada a golpes por su novio en el baño de las canchas del barrio San Jorge.

Aquella causa fue investigada como femicidio seguido de suicidio, ya que el asesino, Edgardo Córdova, se quitó la vida en el mismo lugar.

En 2017, Natalia fue fotografiada cuando lloraba tras el femicidio de su hermana. Ahora, su pareja la estranguló a ella y se dio la fuga. 

Pero como si no hubiera sido suficiente tragedia, la violencia volvió a golpear a la misma familia con una crueldad imposible de asimilar. Días atrás, otra de sus hijas, Natalia, fue asesinada también por su expareja y la propia Irene fue testigo de la macabra confesión del femicida.

Una familia marcada por el horror

Aunque no hay palabras suficientes para explicar tanto dolor, Azucena fue la encargada de ponerse al hombro la cruzada para que Orlando Serapio, el hombre que asesinó a su hermana Natalia, no saliera impune.

"Le pongo el cuerpo para que esto no pase nunca más", sostuvo la mujer, que desde hace varios años se instaló con su familia en Buenos Aires para alejarse de los recuerdos pero volvió a Salta tras el crimen de Natalia.

En el mismo sentido, cuando Serapio todavía estaba prófugo, explicó: "Mi mamá está muy vulnerable, tratamos de cuidarla pero le tuvieron que poner consigna policial. Sentís que el asesino se te va a acercar en cualquier momento. Uno no puede vivir mirando por la ventana".

"Todo premeditado"

En relación al último hecho, Azucena no dudó: "Fue todo premeditado". Según su relato, el vínculo entre Natalia y Serapio estaba roto desde noviembre del año pasado. Su hermana había comenzado una nueva etapa.

"Cuando empezó a estudiar y a trabajar, vio que podía sola. Estaba feliz. Me decía: ‘Por fin vivo en paz'. Eso a él no le gustó", dijo Azucena, en diálogo con este medio.

De acuerdo con su relato, desde que se separaron Serapio nunca dejó de hostigar a Natalia. "Tenía una perimetral porque la acosaba. Abandonó su trabajo para perseguirla. Ella no se daba cuenta de que él estaba detrás de cada paso que daba", remarcó.

Y agregó, con crudeza: "En el único momento que estuvo sola, hizo lo que quiso, matarla".

Aunque su familia nunca imaginó semejante desenlace, Azucena reconoció que Serapio nunca les gustó como pareja para Natalia. "Él se mostraba como el mejor hombre, el mejor papá, pero era un manipulador. Un psicópata", indicó la hermana de la víctima.

También apuntó contra el entorno del acusado: "Siempre sentimos que la familia de él rechazaba a mi hermana. Aún teniendo hijos y después de 20 años juntos, no la querían".

Aquel fatídico 17 de febrero los mismos familiares de Natalia encontraron su cuerpo en su casa, tirado al costado de la cama, con un cable alrededor del cuello y al borde de la muerte. Si bien la trasladaron de urgencia al Hospital Francisco Herrera, murió antes de llegar.

Casi al mismo tiempo, Serapio tuvo el cinismo de confesarle a su exsuegra el femicidio de su hija y huyó como estaba: en remera, pantalón corto y chinelas. Así, con la policía y toda la comunidad de Campo Quijano pisándole los talones, logró mantenerse prófugo durante 11 días.

Para Azucena, era imposible que pudiera evadirse tanto tiempo sin ayuda y no dudó en sugerir la complicidad de su propia familia.

Finalmente, este sábado la fuga entró en la cuenta regresiva.

Fuente: TN.

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