Misterio

Los terribles detalles de la muerte del detenido en El Chingo que ponen en jaque a la policía

Los resultados preliminares son estremecedores: tenía el 80% del cuerpo quemado. La familia apunta directamente contra la Seccional 61 por una requisa "pésima" y una reacción lenta que terminó en tragedia.

Natalia Peralba

El barrio El Chingo no sale del estupor y la bronca. En las últimas horas se conocieron los detalles escabrosos de la autopsia de Ariel, el joven que perdió la vida tras un incendio dentro de una celda en la Seccional 61. Los datos preliminares son claros: el muchacho murió por las gravísimas quemaduras y la inhalación de monóxido de carbono. Tenía casi todo el cuerpo afectado y las vías respiratorias destrozadas por el aire caliente.

El abogado de la familia, Sebastián Espada, salió con los tapones de punta contra el accionar policial. Para la querella, acá no hubo un intento de suicidio, sino una cadena de negligencias que huele muy mal. "Ariel no tenía antecedentes psiquiátricos ni motivos para atentar contra su vida", aseguraron desde su entorno, descartando la versión que circuló en un primer momento.

La pregunta que se hacen todos los jujeños es: ¿Cómo entró un encendedor a la celda? La ley es clarita, che: cuando detienen a alguien, la requisa tiene que ser a fondo para que no metan nada peligroso. Sin embargo, desde el Ministerio Público de la Acusación solo hablaron de un arma blanca secuestrada, pero se "olvidaron" de explicar cómo es que el joven tenía elementos para prender fuego un colchón. "Evidentemente, la requisa fue un desastre", disparó el letrado.

Pero hay algo que genera más bronca todavía: el tiempo de reacción. Un colchón de comisaría no se prende fuego en un segundo sin hacer olor o un humo negro que te asfixia. Para la familia, los policías de guardia se durmieron o miraron para otro lado. "Si hubieran actuado a tiempo, hoy Ariel estaría vivo", sostienen. Por ahora, piden que se impute a los responsables por incumplimiento de los deberes de funcionario público, mientras el barrio espera que la justicia no se lave las manos.

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