Deportes
Aburrido

El minuto de globos negros: así fue la cargada de River a Boca por la final de la Copa Libertadores

Cerca de 70 mil almas alentaron al "Millonario" y lo recibieron de gran manera en el primer clásico ante Boca desde la final de la Copa Libertadores de Madrid

Era una obviedad. Que el superclásico volviera a la Argentina, su lugar originario, después de la final de Madrid iba a escenificar una tarde repleta de reminiscencias. Básicamente porque el fixture de la Superliga determinó que el enfrentamiento se diera en la cancha de River, el ganador de aquella definición extraña. Entonces, lo que se libró fue una batalla silenciosa: la de los hinchas que querían por todos los medios restregarle a Boca la victoria de diciembre y la de los organismos de seguridad, empeñados en impedir que las cargadas excedan los límites de lo tolerable.

El cotillón principal, entonces, recibió tarjeta roja: las 15 mil cartulinas que armarían dos mosaicos con las fechas de las finales que River le ganó a Boca en 2018 (14 de marzo y 9 de diciembre) en las plateas San Martín y Belgrano nunca se desplegaron porque no fueron autorizadas. El juego, por lo tanto, fue más oral que otra cosa. "¡El que no salta murió en Madrid!", se gritó con fuerzas por primera vez a las 16.14, cuando Esteban Andrada -acompañado por Marcos Díaz y tres auxiliares- ingresó a hacer el calentamiento al campo de juego.

Las alusiones flotarían en el ambiente igual que los globos negros, lanzados por miles en el minuto 25 del primer tiempo ("la gallina", en la numerología de los juegos de azar). Una demostración del "luto", según el folclore de los hinchas. Tal vez el arquero de Boca, que en el segundo tiempo sería amonestado por hacer tiempo, haya leído esa bandera que decía: "Andrada, andá a cabecear", una broma a cuento del gol de Pity Martínez en el Bernabéu. Como sea, fiel a su estilo, el gran guardián del arco que tiene Boca no se corrió un segundo de su concentración. Los libros recordarán que fue aquí, además, que le arrebató el récord de imbatibilidad en Boca a Antonio Roma: a los 3 minutos de partido superó los 781 que ostentaba la leyenda.

Otras banderas se solazaban en el recuerdo omnipresente: "9-12-2018" era la más repetida. "Que en TAS descanses", decía otra, un guiño a la protesta que elevó Boca en el tribunal suizo, pendiente todavía de una resolución. Estaba claro: tantos meses después de aquel episodio, el contorno iba a importar tanto como el relleno del partido. O más.

En medio de esa escenografía, el público acompañó el partido con algunos tramos de excitación pero mayormente en calma. En parte, seguro, porque lo que venía desde adentro no era una invitación al fervor. Había pequeñas gemas de virtud: un taco de Fabra, un caño de De la Cruz, un pase filtrado de Montiel, un quite de De Rossi, un anticipo de Lisandro López... Pero en el promedio, mandaba lo ordinario. Como si, al cabo, los dos supieran que este Superclásico era el de las PASO hacia la Copa Libertadores, cuando vuelvan a encontrarse con un premio mayor de por medio.

Podrá decir Boca, al que el empate le sentó mucho mejor, que volvió a irse del Monumental sin que River pudiera ganarle en el torneo local: el último antecedente cumplirá nueve años en unos días. Podrá argüir River, que despidió a los visitantes con un atronador "¡equipo chico!" por la postura cautelosa que diseñó Alfaro, que estuvo más cerca de ganar. Apenas.

Conversaciones que irán y vendrán hasta el 1° de octubre, cuando vuelvan a encontrarse aquí mismo. Ya nadie recordará esta fría tarde de domingo.

Fuente: La Nación

Te puede interesar
0Comentarios

Tu comentario

Nombre