Virgencita apareció decapitada en marzo y así está su santuario hoy en Jujuy
El horror se hizo presente en Humahuaca a principios del mes pasado cuando vandalizaron el espacio de la Mamita "solo por hacer daño".
Fuerza, fe, trabajo en equipo y resiliencia son algunos de los conceptos que representan a esta historia que empezó mal, con una virgencita a la que le arrancaron la cabeza, con un santuario al que dañaron y con un espacio en general que fue ultrajado, vandalizado.
La familia Domínguez, a cargo de este espacio ubicado en el Paraje El Morado, lejos de "tirar la toalla", nunca bajó los brazos, intentó desde el primer momento volver a levantar el santuario de la Mamita y lo logró. Con ayuda de la comunidad, con gente que aportó su mano de obra, con donaciones, lograron volver a poner a punto el espacio en San Roque, Humahuaca e incluso mejorarlo.
La nueva entronización de la virgencita fue el pasado domingo y además se reinauguró todo alrededor.
Del dolor a la esperanza, la comunidad de Humahuaca logró transformar uno de los episodios más tristes de los últimos tiempos en un símbolo de fe y resiliencia. Luego del ataque ocurrido a principios de marzo, cuando la imagen de la Virgen de Urkupiña apareció decapitada en el santuario del paraje El Morado en San Roque, hoy el espacio volvió a cobrar vida gracias al compromiso colectivo.
Con el impulso incansable de la familia Domínguez y el acompañamiento de vecinos y devotos, la reconstrucción del santuario se llevó adelante "a pulmón". Hubo donaciones de materiales como cemento, hierro y cal, además de aportes económicos que permitieron levantar nuevamente la gruta. Pero más allá de lo material, el proceso significó una verdadera reparación espiritual para toda la comunidad, profundamente golpeada por lo sucedido.
El momento más esperado finalmente se concretó: la Virgencita ya fue entronizada nuevamente en su lugar. La ceremonia, cargada de emoción, marcó un antes y un después para los fieles, que volvieron a reunirse en torno a la "Mamita" para celebrar no solo su regreso, sino también la fuerza de la fe popular que nunca se quebró.
La jornada de entronización se vivió como una verdadera fiesta de la esperanza. Entre oraciones, muestras de cariño y agradecimiento, quedó reflejado el espíritu de una comunidad que no bajó los brazos y que, frente a la adversidad, eligió unirse para reconstruir. Así, el santuario vuelve a ser un punto de encuentro, reafirmando que la fe, el compromiso y la solidaridad pueden más que cualquier acto de violencia.


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