El milagro jujeño en Malvinas: rescató a un náufrago y era su hermano
En plena guerra, dos hermanos de Jujuy quedaron separados en el mar
En mayo de 1982, durante la Guerra de Malvinas, los hermanos jujeños Rolando Walter Vilte y Félix Calixto Vilte estaban en el Atlántico Sur sin saber que sus caminos volverían a cruzarse de la forma más extrema.
Félix navegaba en el ARA General Belgrano.
Rolando, en el ARA Francisco de Gurruchaga, uno de los buques que luego participaría del rescate.
El ataque que desató el horror
El 2 de mayo, el submarino británico HMS Conqueror lanzó torpedos que impactaron de lleno al Belgrano.
El buque comenzó a hundirse rápidamente.
Félix logró salir, saltó al mar y alcanzó una balsa junto a otros sobrevivientes.
Lo que siguió fue una lucha desesperada: frío extremo, heridos graves, balsas sobrecargadas y horas que se transformaron en días.
A la deriva, peleando por vivir
En la balsa, la situación era límite. La hipotermia avanzaba y muchos no resistían. Algunos, en estado crítico, pedían ser arrojados al mar.
Félix ayudaba como podía, sostenía a sus compañeros y trataba de no rendirse, aun cuando el cuerpo ya no respondía.
Del otro lado, la desesperación
En el Gurruchaga, la noticia cayó como un golpe: el Belgrano había sido hundido. Rolando sabía que su hermano estaba ahí.
Pidió subir a cubierta y se sumó al operativo de rescate.
El operativo en medio del caos
Cuando llegaron a la zona, el panorama era devastador: hombres congelados, heridos y al borde de la muerte flotando en balsas.
Desde el buque lanzaron redes y comenzaron a subir sobrevivientes.
Rolando no paraba: ayudaba a todos mientras preguntaba una y otra vez por Félix.
Nadie lo había visto.
La última balsa
Entre las sombras del mar, un hombre intentaba subir, pero no tenía fuerzas.
Se soltó.
Rolando reaccionó al instante: se arrojó sobre la red, lo agarró y lo levantó con lo último que tenía.
Cuando lo tuvo frente a él, lo reconoció. Era su hermano.
El abrazo en medio del océano
Félix estaba casi inconsciente.
Rolando lo sostuvo, lo miró y ambos se abrazaron.
No hicieron falta palabras.
Después de días a la deriva, de frío y desesperación, se habían encontrado.
Rolando lo llevó a su camarote, lo abrigó y le dio todo lo que tenía para ayudarlo a recuperarse.
"Volver a nacer"
Tiempo después, Félix recordaría ese momento como una segunda vida.
Había ayudado a otros a subir primero, pero cuando le tocó a él, ya no tenía fuerzas.
Se soltó... y en ese instante, sintió que alguien lo agarraba.
Cuando abrió los ojos, era Rolando.
Una historia que quedó para siempre
Ambos sobrevivieron a la guerra, pero la experiencia los marcó para siempre.
Porque la guerra no termina cuando callan las armas.
Sigue en los recuerdos.
Pero también deja historias como esta:
la de dos hermanos jujeños que, en medio del horror, demostraron que hay lazos que ni el océano ni la guerra pueden romper.


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