Terrible

La triste historia detrás del gran incendio en los cerros de Volcán

Mientras los brigadistas vigilan de cerca los cerros para que las brasas no vuelvan a encenderse tras la pesadilla vivida en el paraje Chilcayoc-Lagunillas, las familias golpeadas por el desastre mostraron la cara más triste que dejó el temporal.

Pasaron las horas de mayor dramatismo sobre la Cuesta de Bárcena y la entrada a la Quebrada de Humahuaca, pero el verdadero dolor recién empieza a palparse al ras del suelo. Luego de que varias dotaciones de bomberos y brigadistas del Plan Provincial de Manejo del Fuego lograran contener las llamas que amenazaban con arrasar todo a su paso, los cuidadores de fincas y trabajadores rurales de Volcán empezaron a caminar entre las cenizas para reconstruir el minuto a minuto del siniestro. Lo que arrancó como una jornada ventosa más terminó transformándose en una carrera desesperada por salvar la vida de las familias y de los propios animales.

Cristian Puca, cuidador de un predio en el sector de Chilcayoc-Lagunillas, relató a Somos Jujuy que todo comenzó pasadas las dos de la tarde cuando una ráfaga traicionera dobló un enorme pino y tiró una de sus ramas pesadas sobre el tendido eléctrico. La chispa del cortocircuito cayó directo sobre los pastizales secos y el viento norte hizo el resto: en cuestión de segundos, el fuego tomó una velocidad incontrolable. 

La triste historia detrás del gran incendio en los cerros de Volcán

Desesperados y sin señal en los celulares para pedir auxilio rápido, la primera reacción de los trabajadores fue abalanzarse con baldes e improvisar defensas, pero la densidad del humo los tapó. Al ver que las llamas ganaban terreno, tomaron la decisión más dura pero acertada: abrieron todos los portones de par en par y liberaron al ganado para que las vacas y caballos huyeran a los cerros antes de morir atrapados.

La triste historia detrás del gran incendio en los cerros de Volcán

Afortunadamente, las viviendas no sufrieron pérdidas totales ni se lamentaron heridos, pero el paisaje en el campo quedó desolador. Productores de la zona como Antenor Sánchez Mera detallaron que el fuego consumió entre el 50% y el 80% de los campos de pastoreo y destruyó metros y metros de postes y alambrados perimetrales. 

Hoy la urgencia es doble: por un lado, los campesinos se encuentran tapando huecos con ramas secas para evitar que los animales asustados bajen a la cinta asfáltica de la Ruta Nacional 9 y provoquen una tragedia vial; por el otro, la falta de alimento desespera a los finqueros, quienes analizan vender parte de su ganado al no tener plata ni pastura para sostenerlos tras este durísimo golpe de la naturaleza.

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