Terrible

Dos tragedias en menos de un mes: la Cuesta de Lipán se transformó en la nueva ruta de la murte

El tramo del kilómetro 30 de la Ruta Nacional 52 sumó la muerte de un nene de 11 años y de una mujer de 58 en desbarracamientos fatales. El camino a Salinas Grandes es maravilloso pero traicionero: la importancia de no confiarse en las curvas y cuidar los frenos.

Natalia Peralba

La majestuosa Cuesta de Lipán, una de las postales más hermosas que tiene nuestra provincia sobre la Ruta Nacional 52, volvió a convertirse en el escenario de la tragedia y encendió todas las alarmas de la seguridad vial en Jujuy. En menos de un mes, el peligroso tramo a la altura del kilómetro 30 se cobró la vida de dos personas en accidentes con características alarmantemente parecidas: vehículos que pierden el control en plena bajada, muerden la banquina y terminan volcando violentamente por abismos de decenas de metros.

La primera de las fatales contingencias ocurrió a fines de julio, cuando una familia que descendía hacia Purmamarca a bordo de un Renault Fluence sufrió el desbarranco de unos 50 metros. En ese trágico hecho perdió la vida un nene de 11 años, mientras que su padre declaró que el auto habría sufrido una falla total en el sistema de frenos. Poco tiempo después, la historia se repitió en la misma zona con una camioneta 4x4 con cinco ocupantes: la rodado cayó 80 metros al vacío, provocando la muerte instantánea de una mujer de 58 años y dejando a su pareja internado en grave estado en el Hospital Pablo Soria.

Dos tragedias en menos de un mes: la Cuesta de Lipán se transformó en la nueva ruta de la murte

Ese sinuoso camino que conecta la Quebrada con las Salinas Grandes y el Paso de Jama supera los 4.100 metros de altura y exige una concentración absoluta al volante. Los especialistas y baqueanos de la zona remarcan que la clave para transitarla sin peligro es usar la caja de cambios en segunda o tercera velocidad para "frenar con el motor" en las bajadas pronunciadas, evitando pisar el pedal de freno todo el tiempo porque las pastillas se calientan, se cristalizan y el vehículo se queda literalmente sin frenos. A esto se le suma el peligro latente de la niebla, el hielo matutino y los animales autóctonos como vicuñas o llamas que se cruzan de sorpresa en las curvas cerradas.

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