Desesperación en una zona de la Puna jujeña: "Cruzamos con el agua a la cintura"
Nuevamente aislados, sin agua potable y con las rutas destruidas. Los vecinos de la frontera piden a gritos un puente que esperan hace 25 años. "Si no sos de acá, la ruta desapareció", denuncian con angustia.
La llegada de las lluvias en nuestra provincia siempre trae alivio para el campo, pero para los hermanos de Ciénaga de Paicone, en plena Puna jujeña, es el comienzo de una pesadilla que se repite hace décadas. Hoy, la comunidad está prácticamente aislada y la situación es desesperante: familias enteras quedaron incomunicadas por la crecida del río y el abandono total de las rutas.
Pedro, un vecino que conoce el barro como nadie, relató con impotencia cómo tienen que hacer para no quedar totalmente cortados del mundo. "Esto pasa todos los años, pero nadie hace nada. Cuando crece el río quedamos totalmente aislados", sentenció. La escena es de no creer: pobladores asistiendo a ancianos y enfermos para cruzar el cauce con el agua que les llega "hasta la cintura", arriesgándose a ser arrastrados por la corriente solo para no perder un turno médico o el presentismo en el trabajo.
Como si el aislamiento fuera poco, la fuerza del agua se llevó puesta la toma de agua potable. ¿El resultado? La comunidad se quedó sin servicio y ahora tienen que consumir agua directamente del río, que baja turbia y llena de sedimentos. A esto se le suma el desastre de la Ruta Nacional 40 y la Ruta 9, que en el tramo hacia La Quiaca están intransitables. "Para quienes no son de la zona la ruta resulta imposible, porque en algunos sectores el camino directamente desapareció", advirtió Pedro sobre el peligro para los turistas y locales en una entrevista a Jujuy al Momento.
El reclamo es uno solo y tiene más de un cuarto de siglo de antigüedad: un puente. Hace 25 años que las familias de Paicone y Ciénaga (unos 500 habitantes) vienen pidiendo una solución de fondo que nunca llega, mientras ven cómo el inicio de las clases peligra porque los maestros no pueden pasar. Es hora de que alguien "tome nota" en serio; no se puede seguir viviendo a la buena de Dios cada vez que cae una gota en la Puna.


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