Visitó la isla más peligrosa del mundo con regalos para una tribu caníbal y lo mataron a flechazos
El solo quería hacer un video.
La Isla Sentinel del Norte, en la Bahía de Bengala, es uno de los rincones más inaccesibles y peligrosos del planeta. Administrada por India y rodeada por una zona de exclusión de cinco kilómetros, está habitada por los sentineleses, una comunidad aislada desde hace miles de años y extremadamente vulnerable a cualquier contacto exterior. Su territorio, invisible para el turismo, suele ser noticia solo cuando alguien desafía las advertencias.
En noviembre de 2018, el estadounidense John Allen Chau, de 26 años, decidió cruzar esa frontera prohibida. Aventurero, montañista y ferviente misionero, llevaba años preparando el ingreso a la isla. Desde 2015 había viajado en varias oportunidades al archipiélago Andamán y Nicobar con el objetivo de acercarse a la comunidad no contactada, convencido de que debía llevar allí su mensaje religioso.
Llegó a Port Blair con una visa de turista, aunque su propósito era otro. Pagó a cinco pescadores locales para que, de noche, lo trasladaran cerca de las costas sentinelesas. Su cuaderno de notas, recuperado luego, reconstruyó el desarrollo de la misión.
El 15 de noviembre se aproximó en kayak y trató de comunicarse con la tribu ofreciendo objetos como peces, tijeras y una pelota de fútbol. No logró entenderse con ellos y, según escribió, desde la selva aparecieron habitantes de la isla que reaccionaron con hostilidad. Una flecha impactó en la Biblia que llevaba en el pecho y regresó a la embarcación.
Pese al riesgo evidente, Chau decidió intentarlo otra vez. Entregó a los pescadores sus últimas anotaciones, en las que reconocía el miedo que sentía, pero anunció que volvería a la playa. Les pidió que volvieran por él al día siguiente. Fue la última vez que lo vieron con vida.
Los pescadores relataron luego que, en la mañana del 17 de noviembre, observaron a la distancia cómo los miembros de la tribu arrastraban el cuerpo del joven por la arena. Después lo enterraron en la playa. Las autoridades indias intentaron recuperar los restos, pero se enfrentaron a la resistencia habitual de los sentineleses y suspendieron el operativo.
La muerte de Chau generó un amplio debate internacional. Investigadores, antropólogos y especialistas en comunidades aisladas señalaron que el ingreso no autorizado no solo ponía en riesgo la vida del visitante, sino la de todo el grupo indígena, altamente expuesto a enfermedades externas. También se cuestionó el trasfondo de su misión, influenciada por las creencias de la organización religiosa a la que pertenecía.
Siete personas, incluidos los pescadores que lo ayudaron, fueron detenidas por violar las restricciones vigentes. Los sentineleses no enfrentaron cargos. La familia de Chau, en un comunicado difundido entonces, expresó que perdonaba lo ocurrido y defendió las convicciones del joven.
La Isla Sentinel del Norte continúa envuelta en su aislamiento absoluto. Nada cambió en la comunidad que sobrevivió durante miles de años sin contacto exterior. El caso de John Allen Chau sigue siendo un ejemplo extremo del choque entre dos mundos que, por ley, por protección sanitaria y por historia, jamás debieron encontrarse.


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