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Odiaban los límites de su mamá y la mataron: la historia detrás del caso de las gemela

La investigación reveló uno de los crímenes más impactantes de Estados Unidos: la violenta muerte de Nikki Whitehead, asesinada por sus propias hijas tras años de conflictos y denuncias cruzadas.

QPJ Internacionales

La madrugada en la que los gritos de una mujer despertaron a un barrio entero en Conyers, Georgia, marcó el final de un conflicto que llevaba años acumulándose. Según las constancias judiciales del caso, esa voz era la de Nikki Whitehead, una mujer que había intentado recuperar el vínculo con sus hijas gemelas, Jazz y Taz, sin imaginar que serían ellas quienes protagonizarían uno de los crímenes más perturbadores de la última década.

De acuerdo con los antecedentes incorporados a la causa, la vida de Nikki estuvo atravesada por dificultades desde el inicio. Había nacido mientras su madre cumplía condena por drogas y, a los 17 años, quedó a cargo de sus gemelas: Jazzmilla y Tazmilla. Durante doce años, las tres vivieron en la casa de la bisabuela de las adolescentes, lo que derivó en un vínculo materno distorsionado: para las chicas, la figura de autoridad no era Nikki, sino la anciana.

Cuando la mujer intentó recomponer la convivencia, la situación escaló. Según los reportes policiales de la época, las discusiones se volvieron frecuentes y los patrulleros comenzaron a visitar la vivienda casi semanalmente. La agente Myra Scroggs, que intervino en varias oportunidades, dejó asentado en sus informes que la tensión era constante y que Nikki mostraba miedo hacia sus propias hijas.

Entre 2007 y 2010, el conflicto pasó a manos de la justicia. Tras varias audiencias, un juez devolvió la custodia a Nikki e impuso un período de convivencia de prueba. Pero apenas ocho días después, el 13 de enero de 2010, las gemelas llamaron al 911 asegurando que habían encontrado a su madre muerta.

La escena del crimen, documentada por los investigadores, era extremadamente violenta: rastros de sangre en distintos sectores de la casa y el cuerpo de Nikki dentro de una bañera. Las primeras declaraciones de las adolescentes apuntaron a un supuesto "amante" de su madre, identificado como Joe, pero esa línea quedó descartada rápidamente.

Los peritos observaron inconsistencias en el relato de las hermanas y hallaron elementos clave: botas con sangre en su habitación, ausencia de señales de ingreso de terceros y una cámara de servicio que contradecía la coartada de que habían ido a la escuela. Pericias posteriores determinaron que una mordedura que Jazz tenía en un brazo era autoinfligida para ocultar una marca de defensa de su madre.

La causa avanzó lentamente hasta que, en 2014, y ante la posibilidad de recibir cargos más graves, Jazz y Taz aceptaron declarar. No precisaron si el ataque había sido premeditado, pero sí describieron los momentos finales. Detallaron que, tras una agresión con golpes y puñaladas, arrastraron a Nikki hasta la bañera. Allí -según su propio relato- la mujer estaba consciente y pidió que terminaran con su sufrimiento. Las gemelas se fueron y la dejaron agonizando.

Ese mismo año, ambas fueron condenadas a 30 años de prisión. Desde 2017 tienen la posibilidad de aspirar a la libertad condicional. En declaraciones públicas, su bisabuela manifestó que sigue "orgullosa" de ellas, pese al fallo judicial que las responsabilizó por la muerte de su madre./MITRE

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